viernes, 24 de marzo de 2017

25 de Marzo: Solemnidad de la Anunciación del Señor - Día del Niño por Nacer -

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NAZARET: SUSURRO Y GRITO

Estábamos en la Basílica ... ¡Qué bendición encontrarse en silencio y soledad bajo aquella grandiosa cúpula en forma de lirio invertido! ... la gruta en la que había habitado Santa María... un altar, ... entrar en la gruta y orar por un buen rato ante el altar que nos dice en latín: “Aquí el Verbo de Dios se hizo carne”.
Según el papa Pablo VI, ese es el primer desafío que nos plantea el misterio de la Encarnación. Según él, “nosotros, los modernos, vamos perdiendo no solo la noción del Dios vivo”, sino también la de toda trascendencia. Así que el misterio de la Encarnación nos parece demasiado grande, es demasiado difícil y asombroso.

Pero “en la humilde e idílica escena de la Anunciación se hace más luminoso y salvador de lo que fue para los hombres de las generaciones precedentes”. Y así es. En este tiempo de turbación, pensar que Dios se ha hecho hombre “devuelve a nuestra mente la libertad de superarse y salir de sus propios límites”.
La Encarnación nos lleva a lamentar el abandono de tantos hombres y mujeres que yacen, indefensos y aplastados, en las periferias de nuestro mundo. Este misterio nos exige valorar la dignidad de la persona humana. De toda persona humana. Nazaret es un lugar. Nazaret es un susurro, pero es también un grito en defensa de la vida.
El mismo Pablo VI recordaba con palabras de Newman que aquí se puede descubrir por qué razón llamamos a María con el título de “janua coeli”, es decir, Puerta del Cielo. Por ella el Señor pasó a esta tierra. La palabra con la que ella dio su consentimiento hizo posible la llegada de la Palabra de Dios a nuestra tierra.
El “fiat” que pronunció María, es decir, esa entrega que supone el “hágase en mí según tu palabra” nos enseña a aceptar también en nuestros días la voluntad de Dios. Su aceptación nos lleva a desear y procurar que la voluntad de Dios “se realice aquí en la tierra, en el reino perturbado de nuestra libre voluntad”.
La fiesta de la Anunciación del ángel a María y de la Encarnación del Verbo de Dios en sus entrañas es el principio de una nueva alianza de paz. Nazaret es un susurro, pero es también una plegaria, un programa, una profecía y un grito. La promesa de un mundo que puede ser pensado y recreado según un modelo de gracia y de justicia.

José-Román Flecha Andrés
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viernes, 3 de marzo de 2017

Video: Intenciones del Papa Francisco - "Ayudar a los cristianos perseguidos" - (YouTube) -

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Por los cristianos perseguidos,
para que experimenten el apoyo de toda la Iglesia, 
por medio de la oración y de la ayuda material.
Papa Francisco - Marzo 2017
¡Cuántas personas son perseguidas por motivo de su fe, obligadas a
abandonar sus casas, sus lugares de culto, sus tierras, sus afectos!.
Son perseguidos y ejecutados por ser cristianos, sin que los persecutores
hagan distinción entre las confesiones a las que pertenecen.
Les hago una pregunta, ¿cuántos de ustedes rezan
por los cristianos que son perseguidos?
Anímense a hacerlo conmigo para que experimenten el apoyo de todas las
Iglesias y comunidades, por medio de la oración y de la ayuda material.
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jueves, 2 de marzo de 2017

CALENDARIO CUARESMA 2017 - HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO -

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HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
«Volved a mí de todo corazón… volved a mí» (Jl 2,12), es el clamor con el que el profeta Joel se dirige al pueblo en nombre del Señor; nadie podía sentirse excluido: llamad a los ancianos, reunid a los pequeños y a los niños de pecho y al recién casado (cf. v. 6). Todo el Pueblo fiel es convocado para ponerse en marcha y adorar a su Dios que es «compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad» (v.13). 
...
Cuaresma es el tiempo para decir «no». No, a la asfixia del espíritu por la polución que provoca la indiferencia, la negligencia de pensar que la vida del otro no me pertenece por lo que intento banalizar la vida especialmente la de aquellos que cargan en su carne el peso de tanta superficialidad. La cuaresma quiere decir «no» a la polución intoxicante de las palabras vacías y sin sentido, de la crítica burda y rápida, de los análisis simplistas que no logran abrazar la complejidad de los problemas humanos, especialmente los problemas de quienes más sufren. La cuaresma es el tiempo de decir «no»; no, a la asfixia de una oración que nos tranquilice la conciencia, de una limosna que nos deje satisfechos, de un ayuno que nos haga sentir que hemos cumplido. Cuaresma es el tiempo de decir no a la asfixia que nace de intimismos excluyentes que quieren llegar a Dios saltándose las llagas de Cristo presentes en las llagas de sus hermanos: esas espiritualidades que reducen la fe a culturas de gueto y exclusión.
Cuaresma es tiempo de memoria, es el tiempo de pensar y preguntarnos: ¿Qué sería de nosotros si Dios nos hubiese cerrado las puertas? ¿Qué sería de nosotros sin su misericordia que no se ha cansado de perdonarnos y nos dio siempre una oportunidad para volver a empezar? Cuaresma es el tiempo de preguntarnos: ¿Dónde estaríamos sin la ayuda de tantos rostros silenciosos que de mil maneras nos tendieron la mano y con acciones muy concretas nos devolvieron la esperanza y nos ayudaron a volver a empezar?
Cuaresma es el tiempo para volver a respirar, es el tiempo para abrir el corazón al aliento del único capaz de transformar nuestro barro en humanidad. No es el tiempo de rasgar las vestiduras ante el mal que nos rodea sino de abrir espacio en nuestra vida para todo el bien que podemos generar, despojándonos de aquello que nos aísla, encierra y paraliza. Cuaresma es el tiempo de la compasión para decir con el salmista: «Devuélvenos Señor la alegría de la salvación, afiánzanos con espíritu generoso para que con nuestra vida proclamemos tu alabanza»; y nuestro barro —por la fuerza de tu aliento de vida— se convierta en «barro enamorado».
(Homilía de S.S. Francisco, Miércoles 1 de marzo de 2017)
jesus

lunes, 6 de febrero de 2017

Video: Intenciones del Papa Francisco - "Bienvenidos los necesitados" - (YouTube) -

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Para aquellos que están agobiados,
especialmente los pobres,
los refugiados y marginados,
que encuentren acogida y
el apoyo en nuestras comunidades.
Francisco - Febrero 2017

miércoles, 1 de febrero de 2017

Video: 2 de Febrero "Fiesta de la Presentación del Señor" - Jornada Mundial de la Vida Consagrada - (YouTube)

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LA VIDA Y EL CUERPO

“Cada niño, al nacer, nos trae el mensaje de que Dios no ha perdido todavía la esperanza en los hombres”. Esta frase de Rabindranath Tagore ha sido mil veces repetida, El nacimiento es siempre un misterio, aunque los que repiten esa frase piensen en Dios imaginándolo de formas muy diversas. 
Todo nacimiento nos acerca necesariamente al misterio. Todas las culturas han atribuido el surgimiento de la vida a fuerzas superiores. Los padres que han deseado largamente tener un hijo, seguramente conocen muy bien los datos biológicos correspondientes. Pero su amor está por encima de esos datos. 
Ante el bebé que viene al mundo, los padres han de preguntarse qué cable invisible los ha conectado con el misterio. El misterio de la vida. El misterio de esa nueva vida. Y, a fin de cuentas, el Misterio insondable que da origen, orientación y sentido a toda vida que llega a este mundo. 
Pero la pregunta no se refiere sólo a la vida, tan difícil de definir y encasillar. Ante los ojos de los padres, de los familiares y de los amigos se mueve un cuerpo humano que reclama atención y ternura. Un cuerpo que no puede ser despreciado ni descartado. Un cuerpo que revela la dignidad de la persona, con independencia de su tamaño o de sus rasgos concretos.
Nacer es presentarse en sociedad con un cuerpo que requiere espacio para situarse y un tiempo que, en adelante va a ser el suyo. Decimos que ha venido al mundo. Pero ese bebé ya estaba en el mundo. Un velo tan frágil como fuerte lo apartaba de nuestra vista, pero no le impedía percibir los sonidos de su familia.
El recién nacido no se ha hecho a sí mismo. Ese cuerpo es el último resultado de fuerzas y afectos que vienen de muy lejos. Es heredero de una larga cadena de testigos de la vida. Parece que llega mendigando alimento y limpieza, caricias y días y noches de desvelo. Pero llega exigiendo con todo derecho una herencia que viene de generación y generación.
Su cuerpo es dádiva y exigencia. Es oferta y demanda. Es recordatorio de nuestros deberes y de nuestra responsabilidad. Ese cuerpo es una ventana minúscula al Misterio mayúsculo que nos gesta, nos acompaña y un día nos examinará sobre el amor.
Cada niño que viene al mundo nos dice que Dios espera algo incluso de todos aquellos que han decidido no esperar nada de él. El cuerpo del niño es un sacramento de fe, de esperanza y de amor.
La fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo nos recuerda que en cada nacimiento renace la esperanza de la salvación. Esa salvación definitiva que no depende de honores humanos ni de cachivaches técnicos.
La fiesta de Las Candelas, que celebramos el día 2 de febrero, ilumina la realidad de nuestro cuerpo. Por débil que parezca, el cuerpo es una revelacion del Misterio de Dios y del milagro de la vida. Nuestra esperanza tiene mucho de lo humano y tiene todo de lo divino.
José-Román Flecha Andrés